El viejo mundo de Warhammer ya no existe, destrozado por el Caos y la traición. Ni siquiera los mayores esfuerzos y voluntades de aquellos conocidos como los Encarnados pudieron salvaguardarlo ante el mal sin límites. Ahora, innumerables milenios después, quedan pocos que recuerden el Mundo Antes del Tiempo, pero uno de ellos es Sigmar, que sobrevivió a la terrible fisura que engulló el mundo. Aferrándose a los destrozados restos del mundo, fue arrojado a través de los cielos, más allá del tiempo y el recuerdo.
Aunque no era más que una mota de luz entre las vastas constelaciones del universo, Sigmar fue encontrado por el Gran Draco Dracothion. Una perpetua amistad se formó entre los dos poderosos seres, y a Sigmar le fueron mostradas muchas maravillas y no un único nuevo mundo al que llamar hogar, sino muchos. Así fue como Sigmar descubrió los Reinos Mortales y comenzó la Era de los Mitos.
Sigmar se consagró a investigar los Reinos y en sus grandiosos viajes se enfrentó a terroríficas monstruosidades pero también descubrió firmes aliados. El Dios Rey emprendió muchas gestas increíbles y crio a los primitivos humanos que encontró. Grandes civilizaciones fueron construidas y los pueblos de los Reinos prosperaron bajo la autoridad de Sigmar.
Pero no es fácil huir de los Dioses Oscuros del Caos. Con funesta inevitabilidad, la Era de los Mitos dio paso a la Era del Caos. La ilustración y el entendimiento se derrumbaron entre derramamientos de sangre y crueldades inauditas y la utopía de Sigmar se resquebró.
Incapaces de detener las devastaciones del Caos, los pueblos libres de los Reinos Mortales combatieron como mejor supieron, pero estaban divididos y debilitados tras el derrumbe de la alianza. Los Dioses Oscuros habían encontrado a su campeón, Archaón el Destructor de Mundos, para que uniera a sus seguidores como nunca antes y desatase su sed de sangre sobre los Reinos. Todo se perdió en un maremágnum de violencia y caos.
Los Dioses del Caos, reunidos como nunca antes, eran exageradamente poderosos y por eso a Sigmar se le presentaba una dura elección: permanecer y morir o marcharse y vivir para luchar otro día. Con el corazón triste, Sigmar se retiró al Reino Celestial y decretó que se cerraran las grandes puertas de Azyr para que el Caos no le pudiera perseguir.
Impotente, Sigmar se recluyó en el reino celestial Azyr y dejó a los Reinos a su suerte no volviéndosele a ver en siglos. Pero aunque pareciera todo lo contrario, Sigmar no había abandonado a los Reinos a la locura, al caos y la muerte.
Pero Sigmar poseía un plan. De sus restantes aliados, Sigmar aún podía recurrir al digno Grungni y juntos empezaron a reunir un ejército.
Los mayores héroes de los Reinos fueron arrancados de sus vidas y transportados a Azyrheim, el último bastión de la libertad y la sede del poder de Sigmar. Allí fueron convertidos en inmortales campeones del Orden con relámpagos corriendo por sus venas. Son los Eternos de la Tormenta y con ellos Sigmar librará del Caos a los Reinos Mortales.
El escenario está dispuesto para una titánica batalla que decidirá el destino de los Reinos, ¿por quién vas a luchar?
Pues así comienza el sucersor de Warhammer Fantasy Battle, un nuevo juego lleno de nuevas razas y que ya tengo ganas de disfrutar.
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