jueves, 10 de septiembre de 2015

Los Nueve Reinos

Los Reinos Mortales son ocho dimensiones que Sigmar descubrió y sondeó inmediatamente después de trabar amistad con el Gran Draco Dracothion, que le mostró cómo acceder a ellos. Cada reino es más grande de lo imaginable. A estos ocho reinos se les suma el Reino del Caos, la dimensión infernal en la que habitan los Dioses del Caos y sus Demonios. 




Estos son los 9 reinos.

  • Azyr es el Reino de los Cielos que reluce como un remolino de joyas celestiales, con palacios que brillan desde dentro y cuyo rey es el poderoso Sigmar.
  • Aqshy es el Reino del Fuego con tierras de pasiones ilimitadas y paisajes volátiles. En este reino nace la agresividad y es trasladada lejos por ardorosos vientos.
  • Shyish es el Reino de la Muerte que es el dominio de la decadencia, donde todo está en declive. Todas las puertas al Inframundo se encuentran aquí.
  • Ghyran es el Reino de la Vida que pasa cíclicamente del yermo a la abundancia. Pero cuando florece, no hay tierras más verdes. 
  • Hysh es el Reino de la Luz dominado antiguamente por la razón y la simetría, aquí aún hay pureza. El mismo paisaje está repleto de significados ocultos.
  • Ghur es el Reino de las Bestias que es un reino primigenio de salvajismo sin domar: solo los más fuertes pueden sobrevivir aquí. 
  • Chamon es el Reino del Metal en donde el amanecer se extiende dorado sobre las duras e inflexibles tierras de este reino. Extrañas transmutaciones abundan entre sus vastas cordilleras.
  • Ulgu es el Reino de las Sombras con trece regiones, cada una de ellas un territorio de secretos y acertijos susurrados por la brisa. Todos sus amortajados países están saturados de ilusiones y amenazas acechantes.
  • El Reino del Caos es el dominio de los Dioses Oscuros que abarca paisajes de pesadilla. Aquellos que entran aquí son devorados, transformados grotescamente o condenados por toda la eternidad.

jueves, 20 de agosto de 2015

La era de Sigmar

El viejo mundo de Warhammer ya no existe, destrozado por el Caos y la traición. Ni siquiera los mayores esfuerzos y voluntades de aquellos conocidos como los Encarnados pudieron salvaguardarlo ante el mal sin límites. Ahora, innumerables milenios después, quedan pocos que recuerden el Mundo Antes del Tiempo, pero uno de ellos es Sigmar, que sobrevivió a la terrible fisura que engulló el mundo. Aferrándose a los destrozados restos del mundo, fue arrojado a través de los cielos, más allá del tiempo y el recuerdo. 



Aunque no era más que una mota de luz entre las vastas constelaciones del universo, Sigmar fue encontrado por el Gran Draco Dracothion. Una perpetua amistad se formó entre los dos poderosos seres, y a Sigmar le fueron mostradas muchas maravillas y no un único nuevo mundo al que llamar hogar, sino muchos. Así fue como Sigmar descubrió los Reinos Mortales y comenzó la Era de los Mitos. 

Sigmar se consagró a investigar los Reinos y en sus grandiosos viajes se enfrentó a terroríficas monstruosidades pero también descubrió firmes aliados. El Dios Rey emprendió muchas gestas increíbles y crio a los primitivos humanos que encontró. Grandes civilizaciones fueron construidas y los pueblos de los Reinos prosperaron bajo la autoridad de Sigmar. 

Pero no es fácil huir de los Dioses Oscuros del Caos. Con funesta inevitabilidad, la Era de los Mitos dio paso a la Era del Caos. La ilustración y el entendimiento se derrumbaron entre derramamientos de sangre y crueldades inauditas y la utopía de Sigmar se resquebró.

Incapaces de detener las devastaciones del Caos, los pueblos libres de los Reinos Mortales combatieron como mejor supieron, pero estaban divididos y debilitados tras el derrumbe de la alianza. Los Dioses Oscuros habían encontrado a su campeón, Archaón el Destructor de Mundos, para que uniera a sus seguidores como nunca antes y desatase su sed de sangre sobre los Reinos. Todo se perdió en un maremágnum de violencia y caos.

Los Dioses del Caos, reunidos como nunca antes, eran exageradamente poderosos y por eso a Sigmar se le presentaba una dura elección: permanecer y morir o marcharse y vivir para luchar otro día. Con el corazón triste, Sigmar se retiró al Reino Celestial y decretó que se cerraran las grandes puertas de Azyr para que el Caos no le pudiera perseguir. 

Impotente, Sigmar se recluyó en el reino celestial Azyr y dejó a los Reinos a su suerte no volviéndosele a ver en siglos. Pero aunque pareciera todo lo contrario, Sigmar no había abandonado a los Reinos a la locura, al caos y la muerte. 

Pero Sigmar poseía un plan. De sus restantes aliados, Sigmar aún podía recurrir al digno Grungni y juntos empezaron a reunir un ejército. 

Los mayores héroes de los Reinos fueron arrancados de sus vidas y transportados a Azyrheim, el último bastión de la libertad y la sede del poder de Sigmar. Allí fueron convertidos en inmortales campeones del Orden con relámpagos corriendo por sus venas. Son los Eternos de la Tormenta y con ellos Sigmar librará del Caos a los Reinos Mortales. 

El escenario está dispuesto para una titánica batalla que decidirá el destino de los Reinos, ¿por quién vas a luchar?

Pues así comienza el sucersor de Warhammer Fantasy Battle, un nuevo juego lleno de nuevas razas y que ya tengo ganas de disfrutar.